Después
de cuatro años y medio en la Facultad de Arquitectura en la Universidad de
Colima, terminé la carrera para por fin ser un ‘arquitecto’. No obstante, no se
si en algún momento en mi vida de estudiante me di cuenta realmente de lo que a
un arquitecto le espera afuera, y lo que el ‘ahí afuera’ espera de uno. Con lo
anterior me refiero en parte a las repetitivas frases de nuestros profesores en
práctica sobre las andanzas de arquitectos, mismas que tanto escuchaba pero no
comprendía.
Luego
de algunas colaboraciones en proyectos con el Instituto de Planeación de Colima
(IPCO) y un periodo de casi un año de trabajar para en el departamento de obras
públicas del ayuntamiento de Manzanillo, Colima. Decidí que era tiempo para
cesar mi trabajo, por razones principalmente de monotonía y falta de interés en
mis actividades, cabe resaltar que mi sueldo no era malo para un recién
egresado y esto hubiese sido un factor para postergar mi decisión, sin embargo no fue así.
Después
de esto en realidad tenia ideas, aspiraciones y proyectos difusos. Pero en
realidad nada concreto. Así que con algunos ahorros y finiquito me regrese a
Colima para ver por donde empezar, no sin antes hacer lo que creo en tiempos de
rutina y monotonía muchos añoran…viajar por el pacífico, salir de la ciudad en
un día laboral de la semana, dormirse a deshoras, despertar también, un poco de
activismo en la ciudad, irse a un campamento, etc.
Llego
a éste tema ya que considero un capitulo importante en mi vida profesional
entre el punto antes descrito y el presente. Después de unos 4 meses de haberme mudado a
Holanda y terminar así abruptamente lo que se había convertido en mis
actividades cotidianas como arquitecto, me vino a la mente de manera espontanea
una retrospectiva de lo que hice como arquitecto independiente durante casi dos
años, y la verdad es que no fue poco.
Primero,
dentro de esta época me di cuenta que la mayoría de las cosas con las que un
arquitecto debe lidiar no son pocas ni sencillas: proyectar, coordinar,
contactar, conocer, diseñar, buscar, descubrir…sistemas de iluminación,
maderas, estructuras, electricistas, clientes, fontaneros, albañiles,
carpinteros, materiales, créditos, administrar, cobrar, pagar… y la lista
sigue. Luego, en mi nueva escuela aprendí que los errores no eran repetir un
examen o proyecto, los errores en la vida del profesional cuestan...mucho!.
También
entendí que lo especial de ser
arquitecto es que las obras están ahí de pie, para la gente nos recuerde y nos
juzgue, y los usuarios nos “mienten la madre” cada que vivan un ‘error’ al
que los hemos condenado. Parte de la satisfacción es que esta es una de las
profesiones que crea espacios físicos y obras que se quedan de píe (o en
ruinas) por no se cuanto tiempo. Eso me hace pensar ¿qué será en 10, 50 o 100
años de aquello que levantamos?…la verdad me parece excitante pensar que
alguien en ese futuro siquiera se pregunte quién tuvo tal o cual idea, qué
pasaba en el momento que se construía,
quién estuvo ahí, etc.
Pienso
que tuve una oportunidad de vivir una experiencia de la cual no todos los
egresados de la carrera tienen (no quiero decir que por méritos o capacidades
personales, pero por factores y circunstancias que me pusieron en el momento).
Y me refiero no únicamente a los de mi propia universidad o ciudad, si no de
manera global, pues luego de visitar la escuela de arquitectura de la
Universidad Técnica de Delft (rankeada las mejores del mundo), caí en cuenta
que incluso para ellos será difícil poner algo realmente en pie, pues construir
es cada vez mas difícil, especialmente en momentos de crisis económica y poco
suelo urbano vacante, condiciones de europeas entre muchos otros.
Ahora cuando me preguntan que hice
antes, satisfactoriamente pienso que es un promedio positivo, entre triunfos y
fracasos. Además, recuerdo todas las experiencias como únicas, personales y
honestamente invaluables. Sin embargo solo digo ‘andaba de arquitecto’...Y hablando
de frases trilladas…confirmo y les digo que:
la arquitectura es una profesión por verdadera pasión.
Dejo el link donde subí algunos proyectos para mi portafolio, que por cierto no esta actualizado pero algo ilustra.
Arquitecto, creo que muchos nos sentimos similar. Salimos de la escuela de arquitectura pensando en todo menos en lo difícil que será enfrentar el mundo constructivo. Sino, veamos lo que ha pasado con la generación completa, creo que pocos se dedican realmente a diseñar y construir. Aunque hacemos la luchita, POSTACABRÓN.
ResponderEliminarAl menos en mi caso, como en el tuyo al parecer, después de enfrentar esas situaciones, llegó un momento de cambiar la forma en la que veiamos las cosas, un giro inesperado siempre cae bien.
Lo felicito por la maestría y pronto seguiré sus pasos, arquitecto.
Así es mi Leo! Muchas gracias por los buenos comentarios y mantenme al tanto de tu nuevo blog! Ahí la vamos llevando.
EliminarSaludos
Qué pues Rafa, me da gusto leerte, te mando un abrazo, saludos!
ResponderEliminarIndudablemente una excelente analogía y sobre todo un estupendo viaje al remolino virtuoso en el que todos los egresados, ya sea arquitectura e ingeniería nos enfrentamos, felicidades por tu blog, y un fuerte abrazo, amigo.
ResponderEliminarGracias Kike! También nos toco buena experiencia en el Ayto., sobre todo hacer buenos amigos, buena época.
EliminarSaludos e igualmente un abrazo!